Marisol Rivada

-¿A qué edad comenzaste a trabajar en el sector de la conserva?

-Prácticamente, 18 años. Empecé en el año 74, y este año me marcho prejubilada en junio, eso que quiere decir que ahora mismo dejo aquí 43 años y 28 días de mi vida.

 

-¿Cómo era ser mujer en ese entorno entonces?

Era precario, muy precario. Yo hablo de cuando yo entré, pero tengo las historias de las mujeres que aquí tenían 50 años y 60 por aquel entonces, y me contaban sus penurias.

En primer lugar, como mujer, estabas discriminada por una serie de señores que estaban dentro de la fábrica y los trabajos eran penosos. Yo ya trabajé con el uniforme que te daba la empresa, pero el calzado me lo compraba yo, y los guantes, por aquel entonces. Eso fue otro logro que hemos conseguido las mujeres de la conserva. La temperatura dentro de las fábricas, pasabas de un congelado a un caliente, de un caliente otra vez al congelado, y así. Y los hombres, por aquel entonces mandaban en las mujeres, no tenían que ser jefes, mandaban. Eso fue otro logro de las mujeres de la conserva, nadie nos vino a ayudar, nadie.

 

– Cómo lograsteis esos cambios?

Yo empecé aquí en el año 74, en el 75-76 era aquí el Sindicato Vertical. Yo empiezo a hablar con una persona de la oficina, que era gente con inquietudes, y yo venía de un ambiente en el que me decían “tu no seas tonta, tu discútelo siempre, no te calles”, eso me lo decía mi padre por ejemplo, y entonces yo lo practicaba, me parecía normal, yo es lo que había vivido. Y empezamos a hablar, yo le decía que no entendía por qué pasaba eso, no entiendo por qué una persona le llama así a otra por el mero hecho de que es un hombre y tiene más poder, no entiendo cómo las mujeres tienen que estar así en estas condiciones, no entiendo por qué a las mujeres les manda cualquier hombre en la fábrica, y ahí empezamos! Nos reunimos ya con gente de las empresas con las mujeres, y empezamos lo que era información obrera, porque los sindicatos no existían, no estaban legalizados. Y claro, nos odiaban, en el sector de la conserva nos odiaban porque empezamos a dar caña y a decir que a la mujer hay que respetarla y hay que verla con respeto y tratarla con respeto. Y ahí empezó toda la penuria, de batalla tras batalla. Luego también seguimos, diciendo qué puestos de trabajo no estaban en condiciones, porque una persona tenía que estar, como mínimo, curiosa, seca y limpia, y ahí empezamos también a dar caña. No solamente defendernos como mujeres, sino que el puesto de trabajo también tiene que estar en condiciones como persona. Y ahí empezamos también una lucha, hicimos paros, hicimos bajos rendimientos. Yo en ese momento entré en el comité de empresa, y yo salía de trabajar y me iba al colegio, y así estábamos….teníamos que ir a hacer reuniones a otras empresas, y convencer a la gente de que había que hacer eso y, claro, te encontrabas de todo, pero bueno.

Pasaron los años y evidentemente las cosas cambiaron, ya no somos “esa muller”, sino que somos las trabajadoras de conserva y las empresas, a los jefes me refiero, dicen las trabajadoras. Y lógicamente hablan con respeto, y con cuidado. Pero todo esto fueron logros, nadie nos regaló nada, en la parte de la empresa, pero después está la parte de la calle. En la calle yo no lo sufrí tanto porque yo era una mujer que iba al colegio, con 1.72m de altura, había que ponerse de punta en el pie y no tenía hijos, pero había compañeras que eran viudas y solteras, y otras casadas felizmente, y esas pobres mujeres en la calle era otra historia. El simple hecho de ser viuda y con hijos, ya era que esa tenía ganas, y la que era soltera con hijos, si lo hizo con uno o dos, ahora estabas obligada a hacerlo con todos. Y eso era otra guerra, que había que decirle a estas mujeres: patalea, mata, rompe dientes, no te va a pasar nada; y los hijos los han mantenido ellas, no vino ningún individuo a decirle “mira, como estos son mis hijos toma este dinero”, de eso nada, las pasaron muy canutas, de mucha mucha necesidad. Pero también te digo una cosa, salieron! Y son madres de ejecutivos también, y salieron, salieron como javatas.

A otra le murió el marido en el mar, el disgusto de que te quedas sin marido, joven, con dos o tres hijos, no te quedaba una paga de viudedad, porque no estaban cotizando por el señor, y aún por encima, comentaba alguna en el entierro, que las 600 pesetas que tenían ahorradas, el señor las metió en una chaqueta y fue la chaqueta que llevó de muerto, con lo que llevó las 600 pesetas también. Algunas vivían por aquí cerca de la fábrica, que había casitas pequeñas por aquí, y al mediodía marchaban corriendo, a darle un poco de leche, una patata y un trozo de pan a sus hijos porque estaban todos en cama; y si era invierno, les dejaba un paraguas porque llovía en la cama o una tinaja, donde caía la gotera del agua.

Cuando se hable de mujeres de conserva, que se hable con muchísimo respeto, porque se lo merecen tanto y más que cualquier sector de este país, tanto y más fíjate, y no lo digo porque yo trabaje en conservas, lo digo porque cuando estaba metida en toda esta lucha por aquel entonces, había niveles, el más bajo eran las asistentas de hogar (las chachas) y después las que trabajaban en el puerto y en la fábrica de conserva, eran los sectores más bajos, para las ignorantes, porque al final hasta tenían más estatus que nosotros algunos monos. Había monos con dos patas, que tenían más que nosotras.

Tuvimos que pelear mucho, porque luego salías a la calle y lo que te decían había que aguantarlo, lo que te llamaban había que aguantarlo, y tú tienes o que callarte y sonreír, o si tenías el suficiente valor decirle algo con más educación pero más fuerte que le doliera psicológicamente. Y las habíamos exigentes, que no nos cortamos un pelo, pero eso fueron años, hoy no, hoy cuanto más….mejor.

 

-¿Cómo es ser mujer en ese entorno ahora? ¿Ha habido algún avance significativo?

El avance ha sido total, a nivel industrial y a nivel personal, el cambio ha sido total, para bien. Es cierto que ahora el personal de las fábricas, ya sean jefes de departamentos o lo que sea, es otra gente con otra mentalidad, pero en aquel entonces hubo que cambiarle esa mentalidad, eran poderosos pero la fueron cambiando, no les quedó más remedio. Fue una lucha continua, con final feliz, por así decirlo.

 

-¿Existe la paridad en tu ámbito de trabajo? ¿En la fábrica, en las oficinas, los sindicatos,…?

Totalmente, hoy en día sí que existe, en cuanto a trabajo no hay ningún problema.

 

-Desde tu punto de vista, ¿qué papel ha jugado la mujer conservera dentro de la industria, y por extensión, dentro de la sociedad gallega, históricamente?

El papel nuestro fue fundamental, auténticamente de mujeres, y todo lo que se ha conseguido hemos sido las mujeres, y eso la realidad lo demuestra. Malamente nos acompañaba algún hombre, pero éramos nosotras, y lo cambiamos, no solamente en la parte interna de la empresa, sino también en partes externas en la calle. Incluso en la forma de trabajar, siempre exigimos el perfeccionamiento, lo curioso, lo bonito, lo lindo…todo lo que se ha conseguido a través de los años en la industria conservera siempre ha sido porque las mujeres estuvimos ahí, y seguiremos! Yo le invito a todas las chicas a que sigan ahí, por lo menos que no pierdan lo que se ha conseguido, eso bajo ningún concepto se puede consentir. Aunque ahora habría que volver a machacar un poquito económicamente, y tenemos que hacerlo nosotras, nadie nos lo va a venir a arreglar, de ayuda externa nada. Se nos sigue dejando de lado en cuanto a algunos entes, no nos tienen presentes como tienen a otros sectores, pero lo sabemos, porque todo el mundo tiene un poco de ignorante, pero de tonta…no hay ninguna que tenga ni un pelo de tonta trabajando en el sector de la conserva, ni en ninguna parte.

El problema que suele suceder con las mujeres es que, si conseguimos saltar no hay quien nos pare, pero el problema es llegar a ese punto de salto, y si no hay quién dirija, quién llame, quién anime, pueden pasar los años tranquilos, pero no es bueno a nivel salarial, que ahora mismo hay mucho que luchar de nuevo en el sector de conservas.

 

-Nuestra percepción desde fuera es que el sector de la conserva es un espacio de mujeres fuertes, guerreras, unidas. ¿Es así?

Es así realmente, de no ser así nunca se conseguiría nada, porque…quién nos lo iba a dar? Y sigue siendo así, porque el peso de la fábrica de conservas está con las mujeres, todo el proceso de fabricación de una lata lo realizan las manos de las mujeres, todo, y también a nivel administrativo. De hecho, los hombres en este tipo de fábricas deben ser un 10%, no más.

Por eso duran también tantos años las fábricas, a no ser que venga alguien pasado de rosca y se vaya con el capital, pero sino las fábricas siguen ahí, aguantadas y levantadas por las mujeres.

 

-¿Hay ese sentimiento de hermanamiento dentro de la fábrica? ¿De si no vamos todas a una no conseguimos nada? 

Yo creo que ese sentimiento está un poco adormilado ahora mismo, y es una pena, pero se puede despertar. La gente que llevamos más años ya no gritamos, y la parte joven descargan un poco en nosotras, y eso es normal y repetitivo a través de las décadas; pero al pasar unos años ellas ya pasan a otra situación, y entonces ya empiezas a querer acción, y eso donde hay que aprovechar. Pero yo siempre se lo digo, como no peléis vosotras no vais a tener nada, vais a quedar en el olvido. Yo me marcho, pero las que quedan ….aunque yo puedo volver, por esa puerta puedo entrar igual y seguir.

 

-¿Qué les dirías a las mujeres jóvenes que se incorporan hoy en día a la industria? ¿Algún consejo que te hubiera gustado recibir en su momento? 

Lo primero sería que para exigir hay que trabajar, porque si no lo que te pueden contestar te deja a niveles muy malos; entonces, demuestra, sé dialogante pero serio, si me dices que no, mañana vuelvo, me vuelves a decir que no, pasado vuelvo, y siempre mirando a los ojos. Esa es la fórmula que yo le diría a todas las jóvenes que entran, que se planteen la situación muy seriamente, aunque sean logros pequeños, pero muchos logros, muchos.

Hoy por hoy discriminación no hay, pero económicamente las mujeres de la conserva tienen que luchar mucho más aún, porque ahora mismo el salario que se está cobrando es de convenio, pero las mujeres se merecen mucho más por cómo trabajan, lo curiosas que son, lo bien que mantienen la fábrica, la limpieza…porque cuando viene una inspección y se pasa, se pasa porque ese trabajo lo hicieron las mujeres, y qué reciben esas señoras? Nada! Bueno…a veces nos mandan de arriba elogios, pero a mí los elogios no me dan de comer, a mí dame en la nómina.

Aquí las revisiones de categoría se hacen muy bien, y estamos por encima de lo que marcan las leyes, pero el convenio es muy raquítico, y es ahí donde hay que pegar un salto. Porque hubo crisis y estas empresas no han tenido pérdidas, sí las que han tenido malos gestores, pero no porque las mujeres no les trabajen. Por eso que la mujer de la conserva económicamente tiene que pelear mucho, y lo consigue, porque si se ponen no hay quién les meta mano.

Aquí en el 75-76 se hizo una huelga de salir a la calle y de bajo rendimiento sin avisar a la empresa, y eso era muy fuerte, y lo hicimos, por qué no ahora? Antes eran otros tiempos, pero no pasa nada, se sigue…

 

-¿Cómo te gustaría ser recordada?

Como trabajadora de conservas

 

-¿Te atreverías a dar una definición de “mujer” dentro del mundo de las conservas para los diccionarios del futuro?

Luchadora, trabajadora, madre, esposa y economista. Todo eso es la mujer de la conserva.